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Therapy As A Hermeneutic And Constructionist Dialogue

Practices of freedom and of deco-construction in the relational, language and meaning games
From some ideas and approaches of social constructionism and contemporary hermeneutics, the book's emphasis is on expanding the boundaries of freedom as a central metaphor to assist people seeking help in therapy. It is a way of doing therapy at the same time includes the idea of a simultaneous mechanism of deconstruction and construction (which is identified as deco-construction), which presumably includes the relational, language and meaning games in which we believe are involved as consultants. Starting from the idea that our ways of being, thinking and interacting with the environment are socially constructed, and that the interpretation of "our reality" is concomitant to that process, some conceptual elements, taken from different disciplines and authors, led us to the idea of engaging in a dialogue (hermeneutical and constructionist) that allows the consultants access a new or expanded view of their particular forms of life (or "experience of the world"), with consequent expansionary effect to their meaningful surrounding. Hence the idea of the practices of freedom is used as a metaphorical device to identify therapeutic conversations that we do, including the process of deco-construction of some footprints of the past that may be hindering a way of 'being in the world' most adaptive and satisfactory.
Disponible en descarga gratuita en Taos Institute (aquí)

PRÓLOGO A LA EDICIÓN EN INGLÉS DEL LIBRO
LA TERAPIA COMO DIÁLOGO HERMENÉUTICO Y CONSTRUCCIONISTA
Los científicos dicen que estamos hechos de átomos. A mí un pajarito me contó que estamos hechos de historias.
                                    Eduardo Galeano
Antes que nada, voy a hacer lo que no hice antes: agradecerle a Kenneth Gergen su generosidad. En parte por su incansable aliento para seguir fomentando formas múltiples de comunicación e intercambio (englobada en las creativas facetas que está generando el Instituto Taos), y en parte por su iniciativa para abrirles brecha a nuevas ideas y planteamientos (incluido el trabajo aquí presentado).
Al mismo tiempo aprovecho esta oportunidad para hacer lo que tampoco hice en su momento: agradecerle a Tomás Ibáñez sus palabras, pero, sobre todo, por seguir siendo como ha sido para mí: una fuente inagotable de lucidez.
Pero también considero que es un buen momento para hacer algunas apreciaciones sobre su contenido, aproximadamente a tres años de distancia de su publicación en español. No es que me desista de algo de lo dicho aquí (al menos no todavía), pero sí para reflexionar sobre algunos de los planteamientos o argumentos presentados o apenas insinuados, y para precisar un poco más un par de ideas al respecto.
Una de estas ideas tiene que ver con el contenido conceptual que quise atribuirle a la voz deco-construcción. Aunque en sus inicios lo contemplé como un mecanismo para analizar ‘las capas de sentido’ de las formas de ser y de pensar de los consultantes, mecanismo que en ese momento básicamente identificaba en las conversaciones sobre el pasado de las personas (o, más específicamente hablando, con la ‘deconstrucción’ de los sistemas de significado involucrados), ahora lo considero un buen término para describir prácticamente cualquier conversación, tanto con otras personas como con uno mismo.
Por supuesto que lo sigo considerando como un mecanismo terapéutico importante para ‘des-sedimentar las capas de sentido’ de un pasado que pudiera estar obstaculizando formas de ser más adaptativas para los consultantes (un ‘pasado’ que está presente como interpretación o ‘huella’), pero ahora contemplo más ampliamente la utilidad de este sesgo interpretativo para la ampliación de sentido. De aquí la importancia que le atribuyo a la conversación terapéutica como un mecanismo continuo y simultáneo de deconstrucción y construcción de la experiencia humana, mismo que destaca, aunque de manera coyuntural, la participación/colaboración del terapeuta en la deco-construcción de nuevas formas de interpretación y de relación con el entorno. Es por ello que enfatizo su importancia y la responsabilidad que tenemos como terapeutas.
Esto me lleva a retomar mi peculiar interpretación de la hermenéutica y su utilidad como recurso discursivo para el trabajo terapéutico que realizamos, pues me ayuda a pensar en el diálogo terapéutico como la historia, aún no contada, que estamos por escribir/construir en co-autoría con nuestros consultantes. Pero no con la creencia de que primero tendríamos que ‘vaciar’ de contenido su narrativa para construir otra en su lugar (difícilmente podría imaginarme un pensamiento vacío), sino con la idea de que se trata de un solo proceso o, en dado caso, de un proceso simultáneo. Parto, en concreto, de la idea de que nuestras prácticas terapéuticas también son juegos de lenguaje, un conjunto de metáforas que nos permiten conversar con nuestros consultantes desde una perspectiva en particular (presuntamente construccionista).
Otra apreciación tiene que ver con el contexto. Pero no tanto con el contexto más particular que envuelve a los consultantes, pues considero que nuestra perspectiva construccionista y postmoderna suele disponer de mejores recursos pragmáticos y conceptuales para ayudar a las personas con problemas (una práctica terapéutica muy gratificante y con la que sigo manteniendo un prudente optimismo). No obstante que me inquieta un poco pensar en las vicisitudes cambiantes del mundo por venir, al mismo tiempo me tranquiliza pensar en los nuevos recursos que pueden adquirir las personas para hacerles frente. Sin embargo, en el contexto más general, en el que todos estamos inmersos, parece que no me ocurre lo mismo.
Para darme a entender, permítaseme trascribir la respuesta de un importante autor, que, por cierto, ha tenido innumerables y muy valiosas aportaciones intelectuales desde la trinchera construccionista. Cuando al final de un taller uno de los asistentes le preguntó por qué había dejado la universidad (de la cual había sido profesor por muchos años y acumulado un prestigio importante), él respondió: ‘estaba cansado de pelear’.
Esto me lleva a recordar con cierto desasosiego las ideas de Antonio Machado y de su triste desenlace, pues pese a su voluntad de diálogo basado en el reconocimiento del otro, eventualmente se vio forzado a emprender el camino del exilio hacia Francia, cruzando los Pirineos, para finalmente refugiarse en el pueblo de Coillure (donde murió al poco tiempo de su llegada). Desafortunadamente no tengo respuestas para eso.
De lo que estoy cada vez más convencido (independientemente del rumbo que puedan seguir nuestras sociedades), es de la posibilidad que tenemos como terapeutas para ampliar los márgenes de libertad de las personas que buscan ayuda en la terapia, así como para promover ciertas prácticas de libertad en nuestros consultantes.
Por último, quiero aprovechar este momento para agradecer a las personas que participaron en la traducción del libro al inglés. Ellas son Ana María Restrepo Sáenz, que se ocupó del cuerpo teórico del texto, así como a Paola Sáenz Jiménez, Onix Nínive Morales Macías y Beatriz Evangelina Pérez Arriaga, que tradujeron los casos presentados. Ninguna de ellas es traductora profesional, pero todas son personas muy valiosas, personal y profesionalmente hablando.
                                                                                               Agosto de 2015

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